Capítulos “El hombre que decidió volverse inteligente” -5- RUMBO A LO DESCONOCIDO

5ª entrega : RUMBO A LO DESCONOCIDO

– ¡Ya sé cómo podemos ir a Madrid! dijo el Gordo en la siguiente reunión.

Todos, con enorme interés se acercaron a rodear su rubicunda figura: “¡Cuenta, cuenta!”

– Tengo un amigo transportista que lleva gente, y hace viajes de Ceuta a París.

– Sí, sí… ¿Y?

– Y como dice que vuelve vacío…

– ¿Un autobús, y vuelve vacío? ¡Qué suerte!

– Bueno… Un autobús, lo que se dice un autobús, no. Es un camión muy grande que puede transportar hasta doce personas… Bueno, es que tiene un doble fondo y un depósito especial de gasolina, perfectamente adaptado para el transporte de seres humanos… muy cómodo y ventilado…

– ¡Es un traficante de inmigrantes ilegales! ¡Un contrabandista de seres humanos!

– Bueno… Si lo quieres ver desde esa óptica…

– Se le podría decir un traficante de sueños– comentó poético el Trave que había tenido un par de romances inolvidables con algún recién llegado.

– Pero… ¿no sería mejor ir en tren? -sugirió Abundio.

– ¿Tú tienes dinero? – fue la frase que acalló para siempre esta opinión y cualquier otra similar.

– El sistema no parece malo – dijo, interesado, el Inspector, dado que por su experiencia sabía que había un montón de negocios enormemente rentables y que en su situación actual podía encarar sin remordimientos…

– ¡No vamos a llegar a Madrid oliendo a gasolina, para ir a ver a la Reina de España…!

Algunos murmullos aprobaron la aseveración del Andalú, que dentro de lo que cabía, era uno de los más elegantes del grupo. Poncio decidió que era el momento de dar su autorizada opinión:

– Opino que estará muy bien que podamos llegar escondidos en un camión, de incógnito. Así la policía no nos habrá podido seguir las huellas. Llegaremos a Madrid de incógnito y nos anotaremos en un hotel de la capital con nombres de incógnito. – Hacía poco que había aprendido esa expresión y le encantaba utilizarla siempre que podía– . Yo me haré llamar Poncio Incógnito.

– Yo Abundio Incógnito, también.

– Podemos hacer ver que somos de una misma familia

– Claro. ¡Así nadie va a sospechar nada!

Se sintieron tan felices con la idea de llamarse todos igual que desoyeron las protestas de Luis, que quizás era uno de los pocos que sabía el significado de la palabra e imaginaba, no sin cierta razón, que sería enormemente sospechosa la tal Familia Incógnito. Pero la ilusión derriba las fronteras que le impone la razón, hasta que la realidad no se encarga de volverlas a erigir. Y no tenía sentido luchar contra la ilusión en el momento en que se estaban decidiendo cosas tan importantes.

– ¿Quién quiere venir? – preguntó Poncio

– ¡Yo! – respondieron todos a una voz.

– ¿Cerrarás el bar, Luis?

– Total, para lo que gano. A lo mejor Estrella quiere quedarse alguna tarde.

– Y tú, Güilian: ¿podrás dejar el trabajo?

– Hace siete años que no tomo vacaciones, así que me las deben. Y alguien tendrá que interrogar seriamente a la Letizia esta…

– De momento, no es una sospechosa, como para que la interroguemos – aseveró el Inspector, avezado en estas cosas.

Güilian no dijo nada, porque no quiso ventilar ante todos su fantasía. Pero internamente, no estaba dispuesto a abandonarla.

– ¿Y no habría más bien que interrogar a alguna gallina? – aportó Abundio, sin que nadie le hiciera caso.

– ¿Cuántos caben en el camión… en el transporte secreto? – preguntó el Pensador

– Catorce – respondió el Gordo – ¿Y cuando pasa por Barcelona?

– Pasado mañana.

– ¿Y no nos cobrará nada?

– No. A cambio, nos pide que cuando lleguemos, le lavemos el camión.

– No hay problema. Entre todos, lo haremos en un plis plas. Y hay una cosa que os quiero decir a todos los que vais a venir:

– Dinos, Poncio – dijeron todos, casi al unísono

– Como no sabemos si nos jugamos la vida, estará bien que pongáis en orden vuestros papeles, tengáis un testamento hecho para no dejar desprotegidas a vuestras familias. El Poder del Enemigo al que nos vamos a enfrentar es muy grande, así que… a trabajar!

En ese momento, Luis decidió tomar su papel de intelectual teórico del MANTIHUEGA y les hizo gestos de que se sentaran.

– Antes de prepararse para partir, os quiero decir unas palabras. Gracias a la clarividencia del compañero Poncio… nuestro líder, podemos hacernos una idea de a qué nos vamos a enfrentar…

Y les explicó: que tenían una importantísima misión que cumplir, que eran los únicos Seres Humanos que podían oponerse a la Invasión Feroz de los Malvados Huevos, y que él, personalmente, sentía que Letizia no les iba a dejar desprotegidos porque él sabía, a fe cierta, que ella estaba “en el asunto” y que debía estar desesperada porque no tendría a nadie para confiarle sus angustias. Todos, en la Corte Real, debían estar infectados por los huevos, tanto o más que los políticos. Y ojo con los políticos: todos ellos con los cerebros también ocupados por los virus fatales. No había más que ver cómo ellos habían derogado los derechos laborales y estaban preparando concienzudamente a la gente para la pobreza y el odio, o sea, la guerra. Muchos ya se preguntaban cómo era que la gente no salía furiosa a las calles. Los ministros exhortaban a trabajar por cincuenta euros a la semana y al mismo tiempo, daban millonarias sumas a los estafadores de guante blanco, a los banqueros, a los equipos de futbol… Era evidente el plan: estaban llevando al pueblo al límite de su paciencia porque querían que estallara una guerra espantosa que acabaría con bombas atómicas matando a los seres humanos y creando mutaciones genéticas en los huevos que los harían inmensos, y que en una docena, habría un solo huevo, de tan grandes que iban a ser. Y las gallinas volverían a ser dinosaurios, comiéndose a los seres humanos que hubieran sobrevivido con la misma tranquilidad con que hoy una gallina se come una cucaracha bio. Que, sabiendo todo esto, y lo que la humanidad se jugaba, podían partir con tranquilidad y determinación.

Ellos estaban llamados a Salvar a la Humanidad.

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Cada cual se fue a su casa, diciendo que iban a arreglar papeles que, por supuesto, nadie tenía. Era evidente que sus familias estarían tan absolutamente desprotegidas con ellos como sin ellos. Nadie tenía bienes a legar, pero todos hicieron ver que habían hecho engorrosos trámites notariales, y se sintieron importantes y contentos. Y les comenzaba a caer antipático el Felipe, que a bien seguro estaba completamente invadido por los microbios estos: había pasado toda su infancia entre políticos y militares. Las primeras víctimas.

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CONTINUARÁ MAÑANA

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