Capítulos “El hombre que decidió volverse inteligente” -7- La Plaza de al Lado de la Mezquita de la M30

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La Plaza de al lado de la Mezquita

Poncio, con gran presencia de ánimo, recondujo a todo el mundo rápidamente al centro del parque y les prohibió salir de allí. Era enormemente peligroso ser un grupo de desharrapados merodeando por las puertas de una mezquita y de un restaurante que, seguramente, no tenía precios adecuados para ellos. En los bordes de una especie de fuente seca, un círculo de cemento, se sentaron y sacaron sus magras provisiones. Poncio les habló.

– Comamos. – dijo. -Y ahora, cada uno de nosotros, para demostrar que somos buenos miembros del Mantihuega, mientras mastica, va a reflexionar un plan para contactar a Letizia. Y si queréis, podríamos compartir lo que cada uno ha traído, como gesto de hermandad.

Nadie compartió nada. Todos mascaron en silencio, mientras trataban de ocultar su condumio a las miradas ajenas. Se sentían exultantes y atemorizados a la vez. El sol despuntaba. Nunca habían salido en grupo de Barcelona, no tenían ni idea de qué iban a hacer. No sabían cómo lograrían sus objetivos ni qué peligros podían aguardarles. Incluso, como había dicho el Inspector, si les metían presos, ni siquiera podían ser repatriados. Pero estaban viviendo la aventura más impresionante de sus últimos veinte años, al menos. Y estaban decididos a disfrutarla.

Quien primero habló fue el Travesti:

– Tengo un amigo que sale con el ayudante de un modisto que colabora en una casa de otro modisto que le hace algunos vestidos a Letizia. Si me dais dos euros, lo llamo y averiguo algo.

– ¿No dijiste que te lo habían cortado?

– Sí, es que… depende de la cobertura – dijo el Trave con descarada frescura.

– ¿Y para qué quieres dos euros, si tienes un teléfono móvil?

– ¿Y quién crees que lo paga, listillo? – respondió el Trave.

– De mala gana, juntaron entre todos dos euros con veinte y se los pusieron en la mano.

– Bueno – concedió – Si se pasa, ya lo pondré yo…

Marcó un número y supieron que le habían contestado por una larguísima sarta de risas, tras las cuales dijo

– Holaaaaa! (risa incontenible) ¿Sabes quién soy? (risa incontenible) ¡¡¡Síííí!!! Oye, anda… ¡¡Llámame porque no me queda saldo!!

Y cortó.

En medio del silencio, las miradas eran significativas… El Ruso tomó la voz cantante:

– ¡Pero si no has hablado ni diez céntimos!

– ¡Sí, pero ahora tendré que pagar una parte de su llamada!

– ¡No señor! – dijo irritado Abundio– . Eso es en el extranjero, pero en España, es todo igual: ¡No se paga!

– Fuera de Barcelona, sí. – mintió con total desparpajo el Trave.

– ¡Oye! Primero nos dices que no tienes línea, y ahora… – intentó Abundio.

Pero el Trave ya se dedicaba a atender su teléfono en el que estaba sonando la llamada de su amigo.

Todos le miraron sin perder detalle, mientras cada uno trataba de pensar en cuáles serían las palabras que sólo podía escuchar el Trave, y tratando de descifrar el significado de las risas, exclamaciones y comentarios que él aullaba al teléfono. La escena era especial: el sol asomaba ya y casi era posible seguir los avatares de la conversación en las expresiones del rostro de los más inteligentes… y totalmente imposible adivinarla en la expresión pétrea de aquellos otros cuya principal virtud era la tozudez. Cuando colgó, todos le miraron.

– Qué dice?

– ¡Ay! – rió el Trave – ¡Es más loco!

– ¿¿Pero qué dijo??

– Que está contento porque él antes salía con un chico…

– ¡¡De Letizia!! – urgieron los complotados

– ¡Que está fatal! (caras de alarma entre los oyentes) Lleva dos veces en este mismo año que ha repetido vestido. Y no es la única vez. En la Recepción de…

– Trave, escucha! – interrumpió Poncio– Tenemos que saber si hay posibilidad de verla y si puede ser, hoy.­­

– ¿Sabes si irá a probarse ropa o algo así?

– ¡Sí! ¿Cómo lo sabías? ¡Justamente ahora estaba allí!

– ¿A estas horas? Son las ocho y media de la mañana!

– Sí, pero es muy madrugadora ella.

– ¿Letizia?

– ¡No! ¡Mi amiga el modisto!

– ¿Pero Letizia está allí? ¡Vamos ya! ¿Dónde es?

– No, no, calma… Acababa de salir…

…. …. …. .… (decepción en la familia Incógnito)

– Pero esta tarde, él va a ir a verla al Palacio, porque da audiencia a las Asociaciones de Víctimas.

– ¿Víctimas?

– Sí. Víctimas de cosas: enfermedades, terremotos, cosas naturales… Ese es el trabajo de las reinas, so ignorantes: consolar a las víctimas de las cosas de la Naturaleza. Por eso son reyes.

Diversas vocales con diferentes musiquitas emergieron de los rostros ansiosos de los Mantihuegos, como “¡Oh!… ¡Ah!… ¿Y?“

– Y dice que, si la quisiéramos ver, podríamos pasar como si fuéramos de alguna asociación de víctimas de algo, para que nos saludara y nos diera la mano y nos sacáramos una foto y nos explicara que hacen lo posible por ayudarnos. Pero no tienen que ir más de tres personas.

Se instaló inmediatamente un clima de tensión. De las tres personas, era evidente que dos habían de ser Poncio y Luis, pero el tercero sería un punto difícil. Disimuladamente, cada uno, comenzó a explicar cuál creían que debería ser el tercero.

– Lo mejor es que vaya alguien con autoridad, como un ex policía – dijo el Inspector, rotundo.

– Un extranjero rubio, que les gustan mucho a las españolas – dijo el Ruso, girando un poco la cara para que el sol se reflejara en sus ojos claros.

– Alguien que pueda interrogarla y apretarla si es necesario, que no le tiemble la mano a la hora de preguntar y presionar – afirmaba Güilian con expresión feroz.

Todos los argumentos se acallaron cuando el Trave impuso silencio con un: “Si yo no voy, no nos hacen entrar”

Aquí se acabaron las discusiones que se comenzaron a centrar en temas más urgentes.

– ¿Y cuál ha de ser nuestra asociación de víctimas?

– ¿Heridos de Guerra?

– No estamos heridos.

– … ¿y Heridos Curados de Guerra?

– ¿Y de qué guerra? …Y deberíamos ser militares.

El gordo, que aún llevaba un tubito de crema en el bolsillo “por si le volvía a picar”, propuso

¿Asociación de Víctimas de los Eczemas? ¡AVicEcs!

– Algo un poco más fino. No nos querrá dar la mano…

Surgieron varias ideas y cada una de ellas con algún problema: Víctimas de la Colitis tampoco les convenció por la misma posible negación del saludo. Los Ex – Niños Violados por Curas, no cuajó, los Salvados de Incendios, pensaron que no tenía mucho dramatismo, la Asociación de Montañeros que se Habían Perdido y Habían Vuelto Solos sin Gastar en Helicópteros de Salvamento, aunque todos estuvieron de acuerdo en que despertaría alguna simpatía, por ahorrar gastos al Estado, les pareció demasiado largo, hasta que Federico tuvo una idea importante:

– Tiene que ser algo que podamos representar sin mentir. Algo que nos distinga… Y lo que nos distingue y que se nota, es que somos un poco ignorantes.

Todos estuvieron de acuerdo en ello, pero no veían la punta del ovillo…

– No es que seamos ignorantes… – opinó Luis. Es que nos hemos olvidado de lo que aprendimos, porque llevamos toda la vida haciendo trabajos que atontan y solo nos sirven para comer y no morirnos, y ya no tenemos otra opción: es por eso que no hemos podido practicar lo que nos enseñaron.

– Es cierto – terció Poncio. – No somos ignorantes, somos “olvidadores”. No utilizamos nunca lo que aprendimos en la escuela y se nos olvida…

– Pues padecemos de un Síndrome de Olvido Escolar. El S.O.E.

– Exacto: Somos las Víctimas Asociadas del Olvido Escolar… el Vi.As.S.O.E.

– Sí, pero como no estamos enfermos: ha de ser el Olvido Escolar Causado en Salud. OLESCASA

– ¡Perfecto! todos están de acuerdo? Vamos a votar: “Víctimas Asociadas del Síndrome de Olvido Escolar Causado En Salud” ¿quién está a favor?

Todas las manos se alzaron unánimemente.

– Pues queda claro que éste será el nombre de nuestra Asociación: “Víctimas Asociadas del Síndrome de Olvido Escolar Causado En Salud”. – Dijo Luis y lo escribió en la libretita donde llevaba apuntadas las deudas de sus parroquianos, y que nunca abandonaba.

Güilian, experto en siglas, intentó el siguiente tema de discusión:

– Bien. “Víctimas Asociadas del Síndrome de Olvido Escolar Causado En Salud”. ¿Cómo serían las siglas? Víctimas Asociadas podrían ser “VI – AS”… ¿Me escucháis?

Ya nadie le hacía caso. En ese momento, se estaba haciendo notar un cierto revuelo a su alrededor. Mientras debatían, habían ido llegando algunas personas y pequeños grupitos con cajoncitos, mesitas y otros muebles improvisados, y parecían estar montando un mercado… La confusión de gente iba en aumento. Un clima de zoco se había ido adueñando del lugar y casi todos escondían cosas entre los arbustos, sobre los árboles y tras los matorrales, y en los rudimentarios e improvisados mostradores, mostraban breves muestras de sus mercancías ocultas, listos para la huída apresurada en cuanto se apercibiera la silueta de algún guardia urbano o policía. Todos los comerciantes se instalaron siguiendo algún orden que quizás ellos comprenderían y se sentaron a esperar clientes. Curiosamente, a ningún vendedor se le ocurrió tratar a los miembros del Mantihuega como clientes. Con su intuición comercial siempre despierta, presentían que no tenían posibilidad alguna de venta con ellos. Federico, habiéndolo notado también, estaba sentado con la cabeza entre las manos, repitiendo: “Nadie quiere venderme nada… No me quieren ni como cliente…”

Algunos integrantes de la familia Incógnito comenzaron a pasear entre los puestos, solo por curiosear. Miraron con deleite uno que tenía diversos baklavas, hojaldrados y mielosos. Uno tras otro, en el lapso de diecisiete minutos, todos preguntaron con ojos ávidos si se hacían con huevo, y aunque a cada respuesta el porcentaje de huevo se reducía considerablemente, ninguno compró.

Poncio y el siempre atento Luis se paseaban nerviosos, tratando de controlar que ninguno fuera a hacer alguna bestialidad. Arrancaron a Güilian de una incipiente pelea con un vendedor con chilaba y luego lo apartaron de un enfrentamiento con una señora muy entrada en carnes, con la que a la primera mirada ya había surgido el odio.

Poncio pensaba. Pensaba que su deber era pensar y encontrar soluciones porque era él que había llevado a todos allí y que era su responsabilidad llevarles al triunfo. Comenzaba a molestarle esto de ser líder social, porque no podías distraerte nunca, ni descansar ni nada. Aquella primera idea de que ser pensador era un trabajo que podía desarrollarse cómodamente en la cama parecía ahora casi ridícula. Pensar lo había transformado impensadamente en un hombre de acción. Desde luego que no era eso lo que había buscado. Pero ahora, sabía que tenía una Misión. Tenían que salvar al Mundo, ni más ni menos. Se sintió orgulloso y se dijo por dentro “Tu puedes… Tu puedes”, como si él mismo fuera un curso de autoayuda. Pensó que ahora, ni siquiera le importaba que las mujeres lo admiraran. Ahora, cada vez más, le urgía salvar al Mundo, hacer saber a los demás el Poder de su Pensamiento de Pensador, que debía alertar a todos del inmenso terror que, envasado de seis en seis en cajitas de cartón prensado, se había expandido por toda la tierra y aguardaba tan solo el momento crucial para saltar sobre nosotros en forma de un ave deformada hasta hacerse inmensa como un pterosaurio antediluviano, creada por una explosión atómica que nosotros mismos habríamos causado sin saber que era el diabólico plan de los huevos, y no lo que creíamos ser la estupidez implícita en la débil naturaleza humana. Había que reconocer que el plan de los huevos de ocupar los cerebros era perfecto. Bueno… Cuasi– perfecto. Porque un Pensador, Él, había sabido encontrar el fallo. Y allí estaban. Con un ejército, extraño, sí. Y raro, era verdad… Pero un ejército decidido a todo, o a casi todo. Y él los llevaría al triunfo, con el apoyo de quien ya consideraba su lugarteniente o vicecomandante, el bueno de Luis.

El tiempo pasaba mientras todos se habían distribuido pululando por los puestos del parque, y mientras Poncio y Luis meditaban como llevar a cabo su plan. Sentados bajo un árbol que no sabían qué clase de árbol era, decidieron que tenían que escribir un papelito y deslizárselo en la mano a Letizia en el momento del saludo. Y que, en esos mínimos momentos de contacto, habían de decirle una frase. Como era un tiempo muy breve, decidieron decirla entre los tres: Uno diría: “Estamos luchando”, el siguiente “Contra los huevos”, y el tercero “y las gallinas”. Luego se decidieron por no acabar las frases, para que se mantuviera la expectativa y la atención. Optaron por: “Somos un grupo secreto que…”, y el siguiente: “…ha descubierto el plan de los huevos y las gallináceas que…” y el tercero diría “…nos invaden el cerebro para destruirnos”. Mientras hablaban, deberían mirarla directamente a los ojos, para que se diera cuenta de que era un mensaje importante. Y el último, le deslizaría en la mano un papelito que habría de decir algo similar a: “Somos un grupo de personas que han decidido pensar para volverse inteligentes. Y hemos descubierto el complot de los huevos y las gallinas contra la humanidad. Si está de acuerdo en que hemos de parar este complot contra la Humanidad, encuéntrenos en el Parque que está al lado de la Mezquita de la M – 30 a las 11 de la noche. Contraseña: “El Huevo o la Gallina”. Venga abrigada. Mantihuega. (Mantihuega somos nosotros) ¡Arriba los cerebros! ¡Arriba los corazones! ¡Abajo los huevos!” Decidieron no incluir “…y los ovarios” porque era un tema demasiado íntimo para tratar con una Reina, y podía ofenderse.

Releyeron lo que Luis había apuntado en la libretita y quedaron bastante contentos. Lo encontraban sintético, preciso y emotivo. Nadie podría resistir a un llamado hecho con tal carga emocional.

En ese momento, apareció el Andalú con un jovenzuelo redondillo, blancuzco y mantecoso que se parecía a Oscar Wilde cuando era joven (ver fotos en la Wiquipedia) Tomó del brazo a Poncio y al bueno de Luis, y los llevó a un rincón alejado del parque. Una vez allí, hizo las presentaciones.

– Éste shavá se llama Nicolá, y es muy muy amigo del Rey, pero tan, tan, tan amigo que no te das una idea y yo, tampoco. Me ha enseñao una foto que están dándose la mano. Y también é amigo der Hefe der Servissio Secreto Españó y de los Presidente de las Nassiones Unidas o algo asín. Y é un espía secreto que nadie más lo sabe essepto yo porque me lo acaba de decí. Mira si será importante que estaba buscando entre los que vienen por aquí argún asesino a suerdo, porque cuando tiene que matá o rompé algún güeso a unas personas, no le gusta hacerlo él solo, y sabe que a vesse, por aquí viene hente entrenáa…

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CONTINUARÁ MAÑANA

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