El autodeterminista catalán y el policía.

 
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EL AUTODETERMINISTA CATALÁN Y EL POLICÍA

(Barcelona, octubre 2019)
(DIÁLOGO FORZOSAMENTE BREVE)

El policía agarró al señor por la mochila y, mientras pensaba “este hombre ya no tiene edad para estas cosas”, lo revoleó para tirarlo al suelo. El otro cayó bien, igual que en los manuales, y allí se quedó semisentado mientras el policía, a la sazón Juan Carlos, español de 29 años de edad, le retenía por los pelos (pocos y frágiles) mientras levantaba la porra para poderla descargar con mayor efectividad en la cabeza del señor, que aparentaba más de cuarenta y queda dicho que ya comenzaba a dar muestras de calvicie.

El hombre, torciendo el cuello y llevando al límite la tirantez de sus pelos, trató de mirarle a los ojos y, aunque no lo consiguió, un poquito de reojo sí que lo vislumbraba. Su única defensa era el diálogo, supo.
- ¿Me vas a dar un porrazo?
 -Claro, gilipollas. Por eso tengo la porra en posición de golpe.
 -¡Porrazo! ¡Es claro! ¡Fíjate! No me había dado cuenta de que la palabra porrazo viene de porra. Qué cosa ¿no?

Juan Carlos, mientras pensaba en si iba a darle en las costillas, que es donde está permitido, o directamente en la cabeza, a la que comenzaba a darse cuenta que este señor no le sacaba mucho rendimiento, tuvo la extraña sensación de que el tiempo parecía estirarse. Así que le dijo, un poco desacompasadamente –dado que aún no había ejecutado la acción:

 -Toma, hijo de puta.
Pero en el momento en que comenzaba a ejecutar la acción, el sujeto al que mantenía tenía sujeto, o sea, doblemente sujeto, le dijo:

 -¿Y por qué me quieres pegar?

En el cerebro de Juan Carlos, se activó el camino sináptico bien conocido y adiestrado desde hacía años. Ante cualquier demanda o curiosidad sobre la fundamentación de sus acciones, éste era el camino neuronal que debía ser recorrido. Velocísima sinapsis y respuesta.

 -¡Yo solo cumplo órdenes!
 -¿Te han ordenado que me pegues a mí, Xavier Viçens Puigpelat?
 -No, imbécil. Me han ordenado despejar. Y se despeja a porrazos.
 -Yo ya me considero despejado. Puedes soltarme que me voy.
 -No te hagas el gracioso. Mis órdenes son pegarte para que los demás se asusten y se vayan.
- ¿Y quién te ordenó eso?
- Mi superior
- ¿O sea…?
- El sargento García
- Me suena conocido
- Juan Amalio García, estúpido. Y te salvas de que te salte los dientes porque vi la película del Zorro.
- ¿Y él me conoce? ¿Por qué te lo ordenó?
-Pues es que él también cumple órdenes, del jefe de Unidad.
- ¿Y el jefe de Unidad tiene algo contra mí?
- No. Él también recibe órdenes del jefe de Operaciones.
- Entonces es que el Jefe de Operaciones me conoce y le caigo mal. Porque si no, no querría ordenarle a Ud. que me pegue un porrazo, así, solo por pegarme, cuando ya me considero despejado y así se lo hago saber a Ud, como representante de la autoridad pertinente.
- Mire: Vamos a aclarar los puntos de vista, porque yo soy policía pero no soy tonto, que para ser policía también te hacen estudiar y para cada cosa tenemos un manual. Y le diré que cada vez que hay una situación en la que el pueblo protesta, nosotros podemos tener dos actitudes: Una, es tratar de que los protestones pasen sin pena ni gloria, y hacernos los disimulados hasta que los manifestantes se aburran.
- Bien. Creo que es una medida muy sabia.
- Otra, es transformar la protesta en un acontecimiento violento.
 -…que es lo que estás haciendo tú!
- Bravo, intelectual!!
- Pero… ¿Y por qué?
- Pesado. Cumplo órdenes
- ¿Del Jefe de Operativo?
- Bueeeeno… ¿Ves cómo a palos vas entendiendo?
- Pero él… ¿qué tiene contra mí para ordenarte que me pegues con la porra?
- ¿Contra tí? Nada. Él también cumple órdenes.
- Comprendo −dijo Xavier Viçens Puigpelat con el cuello ya doliéndole bastante.
- No. No comprendes porque si no, no tratarías de razonar nada conmigo mientras estoy a punto de pegarte un bastonazo en el cráneo.
- Bueno. Es mi única forma de defensa –respondió XVP.
- Pues a ver si aplicas tu inteligencia y entiendes que aquí no te vale. Te voy a pegar de todas maneras.
- ¿Por qué?
- ¡¡Qué cansino eres!! ¡Cumplo órdenes!
- ¿De quién?
- Del Jefe del Operativo.
- ¿Y él es el que decide si hay que trasladar la manifestación a la violencia o dejarla que pase y listo?
- ¡Si! O, mejor dicho, no. Eso ya son las órdenes políticas. Es el político, que aplica el principio de que cuando uno no entiende una cosa, tienes que llevar a discusión a tu terreno.
- ¿Y cuál es tu terreno, según el político?
- El que te está por caer encima de la cabeza, pesadito. La violencia. ¿No ves que somos los únicos que podemos ejercer la violencia? Cuando hay algún problema que no sabemos resolver, le aplicamos la violencia y –como en ese campo nadie, nadie, nadie, nos puede discutir nada… ¡ya hemos ganado!
- ¡Vaya que son inteligentes los políticos!
- Por eso cobran tanto… ¿Que los protestones dicen que son pacifistas y pacíficos y que Ghandi y que la ecología y no sé qué mierdas? En ese terreno, nunca nos vamos a entender. Hay que traer la gente a nuestro terreno. ¿Qué vienen y te dicen que es el pueblo trabajador que se levanta contra el rico opresor? ¿Te vas a poner a discutir? Si te dicen que existe el derecho de autodeterminación: ¿con qué les vas a convencer? ¡Sólo con la Ultraviolencia, chaval!! ¿Vosotros queríais hacer la revolución de las sonrisas? ¡Toma sonrisa, pavo!! Ultraviolencia a tope!! Y ya ganamos porque en la violencia, no tenemos enemigo posible.
- O sea que el malo no eres tú.
 – ¡No, iluminao! Nosotros somos maquinitas que usa el Estado para pegar a los demás, jugarnos la vida o morir por la patria si tercia. “Ellos deciden algo y nosotros salimos a la calle para que nos insulteny nos tiren las cosas que deberían recibir “ellos”. Y tenemos que hacerlo y sentirnos orgullosos de eso…
- Andalahostia…
- Veo que comienzas a hablar como una persona normal… Y en este caso, entonces, el que da las órdenes es el Ministro del Interior, que a su vez ha consultado con el Presidente y los queseyoqué que tienen de reuniones allí arriba y deciden que, para que podamos comprenderos, hemos de reconducir las cosas a los cauces que para nosotros son normales. Con vosotros es difícil. Por eso extrañan tanto a la ETA. Con ellos era mucho más fácil, porque bastaba con llamarles asesinos y ya tenías a todo el país a su favor.
- Entonces no es que el Ministro me tenga manía a mí…
- No, gilipollas, a ver si te tengo que explicar toda la vida, inteligentillo de pacotilla… Es que necesita que ustedes sean las ETA o algo similar si no, tendría que escucharles, tratar de entenderles, tratar de saber qué quieren y pensar soluciones… ¿Y tú te crees que le pagan para eso? ¡NO! Le pagan para que haga que todo siga igual para los de arriba. Ellos recibirán dividendos y beneficios y ustedes, palos.
- Vaya, Sr Policía, Hasta me está Ud pareciendo inteligente.
- Pues aguanta que te arreo un bastonazo.
- Pero… ¡Creí que nos entendíamos…! ¿Por qué?
- ¿Otra vez? Serás gilipollas. ¡Léete lo anterior, imbécil! ¡Toma! ¡Hijo de puta! ¿Toma otro y no trates de correr! ¡¡Toma!!

El tiempo perdió aquella maravillosa elasticidad y retomó su estúpida constancia. Esta vez, el ¡Toma!, sí que coincidió con el sonido del golpe en el cráneo de Xavier Viçens Puigpelat, donde se quedó resonando con miles de ecos que jamás había conocido.

Sergio Dantí (20/10/19)

 
 
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