DIARIO (diario) DE LA PESTE – Día 5 – El discurso del Rey y teletrabajo.

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Quinto día de encierro. Todo sigue bien, y hasta un poco mejor. No te lo vas a creer: Anoche habló el Rey.

Menos mal.

Era un mensaje para enviarnos cariño y fuerza (dicho con énfasis mientras sacudía los puñitos apretados frente a su real pecho), y la convicción de que todos juntos superaremos estos momentos que él sabe tan duros para su Reino y para sus súbditos.

Bueno. En casa estábamos todos emocionados, contentos y reconfortados, y hoy enfrentamos el día con nuevas fuerzas e ilusión. Me sabe tan mal imaginar a esa pobre gente de las Repúblicas de todo el mundo, esos países que solo tienen presidentes y eso, que no puedan tener un Rey, con su familia, que se preocupe de enviarle cariños por la tele… No sé cómo lo hacen, pobres.

Mi hermana Ana (no es el eco, es que se llama así), hace teletrabajo desde casa. Está en una empresa de reparación de ordenadores y teléfonos, y se encarga de la comunicación con los clientes. Estos días, no atienden por teléfono y la gente tiene que escribir para que les respondan y en todo caso, sea la empresa que les llame. Y es lo que hace Ana. El poco tiempo que le deja libre el tratar de convencer al gato para que no se instale en su teclado, se dedica a responder los mails y si es necesario, hacer una llamadita. La atención a domicilio está anulada, así que… Tiene sus protocolos para cada caso. Primero les pregunta si el ordenador está enchufado, que si el teléfono tiene batería. Luego, que verifiquen los cables porque a veces las conexiones pueden estar mal. Si el problema persiste, que vuelvan a escribir. Y así durante tres o cuatro horas al día, mezclados con conversaciones con sus “amigovios” que ella dice, que es que tienen derecho a pierna. NO me gusta que sea tan directa en las cosas, pero, como es más joven que yo, han cambiado las costumbres. Antes, esa forma de expresarse era solo para ser usada entre hombres, lo que nos proporcionaba una sana descarga de risas. Ahora, desde que ellas hablan así, ya no nos gusta tanto, y nos hemos vuelto un poco más conservadores. Qué raro, ¿no?

Trabaja en su cuarto, pero muchas veces los niños se meten allí para hacer ver que miran su teléfono pero, en realidad, es para escuchar sus conversaciones no-laborales (que son casi todas). Y luego salen con las preguntas misteriosas:
– Papá: ¿Qué es una feli acción?- pregunta César.
– Como su nombre indica, César, es la acción de un felino, o sea una cosa que hacen los gatos, cariño.
– Ah! -entiende Augusto-. ¿Como cuando la gata levanta la pata de atrás y se lame el chumino?
– ¡Cómo habláis así delante de la Bisa(buela)? ¡No entendéis nada, niños! César, Augusto: ¡Id a mirar vuestros teléfonos, que bastante caros me costaron! ¡Y no escuchéis más las conversaciones de vuestra tía, que utiliza términos muy técnicos para su trabajo y luego me volvéis loco con preguntas estúpidas! ¿Está claro?
– No hablaba de trabajo, papá… -insisten los perversos.
A lo que no me queda más que utilizar el viejo truco de los padres cuando no quieren seguir una discusión:
-¿Quién me puede decir cuál es el grado medio de temperatura necesario para considerar a una persona infestada por la gripe?
A lo cual, corren al Google y se quedan quietos un rato. Porque de ahí, pasan a otra cosa y así tenemos un rato de paz…

En fin. Voy a hacer la última sacada de perro que me toca. Después será el día de Sara, mi cuñada. Sus salidas son divertidas porque Atila la llama cada tres minutos para saber dónde está y con quien habla.
– Hola. ¿Dónde estás? … Ah… Pero para ir al parque has pasado por la tienda de comestibles del indio hindú, ¿no?… Ah. Si… Y ¿hablaste con el que vende? …Sí, claro… Pues no tenías porqué… Pero, ¡no me tomes el pelo, Sara! ¡Sabes que si algo me irrita es que me tomes el pelo! Si no vas a comprar nada, ¿para qué tienes que hablar con el tío ese? Si… Saludarse… Si… sí… No… No estoy celoso… Pero como una vez dijiste que tenía unos ojos negros muy bonitos y no sé que de las pestañas… Debe ser maricón… Bueno… Sí. No pasa nada… Trae el perro de vuelta ya. Bueno, cuando haya hecho caca… Si. Te llamo en un rato a ver cómo ha ido.
Es insoportable. Tiene lo que llamo “las gafas del diablo”, que le hacen ver el mal allá donde dirige la vista. El pobre no tiene la culpa, pero es muy de derechas. Es su problema. Bueno. En realidad no es suyo, sino de todos los demás que lo tenemos que soportar, porque él está siempre encantado con él mismo. Como no tiene autocrítica… Ni culpa… en fin. No me hagan hablar.

En cuanto vuelva, me iré a hablar con la Bisa(buela) que ella pasó la guerra y siempre tiene palabras de consuelo para mí, porque me habla de cuando, en la posguerra, tenía que tratar con los “triunfadores” y que eso era mil veces más difícil. Estoy seguro que sí. Pobre Bisa.

Bueno. Encadeno a Gran Can y saldré a hacer de recogecacas. Si yo fuera Rey, también pediría tener una persona –de elevado cociente intelectual, como es mi caso- para que me recogiera las cacas en una bolsita. Así, al menos, estaría en igualdad de condiciones con los perros. ¡Ya os enteraríais, ya!

 

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