El hombre que decidió volverse inteligente-1 -Capítulos breves

1.- La Revelación

Estimado lector: has de saber que el pensar tiene una vertiente muy especial. Parece ser que cuando uno se inicia en el tema, la cosa no se frena fácilmente. Y fue así, de repente y sin querer, como Poncio se encontró pensando en cuáles eran las diferencias entre él y Carlos. Y se dio cuenta de que, quizás, si Carlos no tenía voluntad, él podía intentar tener más voluntad que Carlos, y que eso no iba a ser difícil, dado el nivel de voluntad de Carlos estaba muy cerca del cero. Y se dijo: “Esto está bien. Me pongo metas fáciles para poderlas alcanzar rápido y así me estimularán a conseguir las próximas. Y esto que acabo de pensar es porque ya soy un poco sabio, y tengo una sabiduría que me sale sola de dentro de algún lugar que yo no sé”

Se puso un poco más contento y se sentó en la cama, sin taparse. No iba a abandonar. Justamente ahora, no. No podía abandonar. Era su Destino el que estaba en juego. Conectó nuevamente con su pensamiento y pensó.

Iba a retomar la primera idea. Volvería a preguntarse mil veces si había existido primero el primer huevo o primero la primera gallina. Hasta que saliera algo importante de ello. Y así lo hizo. Su cabeza oscilaba entre las dos imágenes: el huevo – la gallina – el huevo – la gallina… Aunque los huevos y las gallinas no fueran cosas muy filosóficas.   Su cabeza se bamboleaba al ritmo de sus pensamientos.

Volvió a pensar en la frase “Tengo que pensar”. Luego de un rato, pensó en la frase: “Tengo que pensar en las gallinas”… Y, de repente, la iluminación. “¿Y cómo saben las gallinas que tienen que poner huevos? “

Le gustó. La repitió un par de veces en voz alta. “¿Y cómo saben las gallinas que tienen que poner huevos?.. ¿Y cómo saben que de allí saldrá otra gallina, si son de los animales más tontos que hay?” La gente dice: “más tonto que las gallinas”. Es un “dicho popular”. Lo había oído. Con algunas variantes pero lo había oído. Y los “dichos populares” se llaman así porque los dice el pueblo. Y es lo que se llama “sabiduría popular”. Que también es una frase que dicen todos porque se piensan que el pueblo es sabio. Y sí. Lo es, se dice Poncio: las cosas que dice el pueblo siempre tienen algo de verdad. Es más: casi siempre son verdad. Tiene que recordar eso: si lo dice la gente, es cierto. Y la gente dice: “Más tonto que las gallinas”. O sea que… si las gallinas eran tontas, los inteligentes deberían ser los huevos. Bien. Otro paso hacia adelante. Se dijo con voz profesional: “Voy a trabajar sobre ésta idea”, y le encantó escucharse.

Y prosiguió: “Si los huevos son los inteligentes, entonces el primer huevo existió antes que la primera gallina. Bien. Imagina el inicio del Mundo: no hay gallinas. Solo huevos. Sobre la faz de la Tierra sólo hay huevos que tienen que crecer y multiplicarse. O sea, reproducirse. Hasta ahí vamos bien.” Pero por más que lo intentaba, no conseguía imaginar un huevo intentando fecundar a otro huevo. Se romperían las cáscaras. Ni lo imaginó enamorando a otro huevo. Y siempre estaban quietos. Sólo podían rodar. Aquí había algo interesante: ¿Cómo se reproducían los huevos? ¿Cómo hacían para tener otros huevitos? Es claro… ¿Cómo se reproducen? Para reproducirse, necesitaban… ¡gallinas!

¡Otro estremecimiento importante le recorrió el cuerpo! ¡Y ahora, con mucha más razón! ¡Era genial! Estaba seguro que éste pensamiento era digno de un gran filósofo, de un Pensador. Los huevos usan a las gallinas para reproducirse. Como los árboles usan las semillas. Las gallinas eran un subproducto sexual de los huevos. Una vez había escuchado en un documental que el mandato más profundo de todos los seres vivientes, desde un cocodrilo hasta un tomate o un virus, era crecer y multiplicarse. Hasta lo dice la Biblia. Perpetuar sus genes, su apellido, sus nombres, su especie, su raza. Los huevos eran como las hormigas. Las hormigas piensan (si es que piensan) como una tribu, un grupo, un montón de hermanas dado que todas vienen de la misma madre: por eso se ayudan y si cae una, aparece otra a ocupar su lugar. Se dejan matar por defender a sus hermanas. Como una familia. Es el concepto hormiga el que tiene que perdurar, sin importar las que caigan en la lucha por conseguirlo. El “concepto hormiga”… Se sintió orgulloso de esa frase y se la repitió varias veces: –El concepto hormiga… El concepto huevo… El concepto hormiga… El concepto huevo…

Al llegar a este punto, sin darse cuenta, ya se había levantado y paseaba nerviosamente por su minúsculo dormitorio alrededor de la cama, de la mesita de noche a la silla llena de ropa con manchas que tenía del otro lado, pasando por los pies, diseñando una U incómoda de caminar pero que ni percibía que la estaba dibujando. Estaba pendiente de su mente, de su cerebro, de esa especie de voz que salía de algún lugar que no sabía, y le iba diciendo qué era lo que acababa de pensar, o lo que estaba pensando. Se presentaban las ideas delante de él y no sabía cómo habían surgido. Pero ésta sí que surgía con fuerza y lo llevaba ya a nuevas conclusiones. Como ser…

Si el triunfo de cada especie, como la humana por ejemplo, es transformarse en plaga y sembrar el mundo de descendientes, los huevos también deberían de tener esa misma misión marcada a fuego en su yema, en sus genes, en su cáscara… Y su mayor esfuerzo era ese. Obedecer a esa energía, ese mandato vital que hace que los ciervos se destrocen a cornadas, los búfalos también, que peleen entre lobos o mandriles o morsas, para dejar en claro que ellos son los jefes de la manada y que son sus genes los que van a perpetuarse, y los que van a inundar el mundo con su presencia, con un número cada vez más ascendente de descendientes. En ese momento, lamentó haber dejado de fumar hacía tiempo. Tenía ganas de llamar a su madre para contárselo, pero recordó que otra vez era hora de novela. No tenía a quien contárselo y, quizás por eso, comenzó a hablar cada vez en voz más alta, mientras seguía sus histéricos paseos en U, inclusive, a veces, subiendo y bajando a grandes zancadas por encima de la cama sin hacer.

“Entonces, ésta es la idea: las gallinas son algo que se han inventado los huevos para multiplicarse y transformarse en más huevos. Los huevos, que siempre se quedan quietos, usan a las gallinas para que vayan caminando y poniendo nuevos huevos por todas partes… ¡Cada gallina puede poner cientos de miles de huevos, imagino! ¡Y de cada uno de esos miles de miles de huevos, saldrá otra gallina que pondrá más miles de huevos de los que saldrán más miles de millones de gallinas! ¡Y a lo mejor, éste es su plan para expandirse por el mundo y, quizás, quien te dice, a lo mejor quisieran así dominar la Tierra! … ¡Estoy pensando!.. ¡Y estoy pensando algo que nadie pensó hasta ahora!”

 

Nerviosísimo, volvió a salir a la calle.

MAÑANA CONTINUARÁ –

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