Por favor… Un poco más de Hipocresía…
POR FAVOR… UN POCO DE HIPOCRESÍA!!
Querida amiga: La ilusión de que el ser humano podría moverse por otros motivos más trascendentes que no fueran el dinero, la riqueza o el poder, han quedado reducidas a escombros. El Capital lo ha dejado en manos de los jóvenes románticos de las ONG. Los Amos de los Capitales se dicen: “Déjalos que hagan algo práctico, concreto, en un único lugar, págales algo y los tendrás contentos, tranquilos, hacen cosas útiles, te sirven porque son tus ojos y oidos en el mundo y para tener mejor prensa: a tí no te molestan, ellos se sienten bien y se entretienen, es bueno para los pobres que reciben ayuda, médicos, pozos de agua… y así, mientras tanto, no se preocupan de nosotros. Y ya saben que no tienen que tocar nuestros negocios”
Así, el mundo ha encontrado un equilibrio momentáneo entre las dos tendencias del ser humano: el egoísmo y el altruismo. Ha triunfado el egoísmo, sí, pero con la claridad de saber dejar a los otros que se conformen sintiendo que “hacen algo”…
Pero aquellos que queríamos imaginar que el mundo cambiaría, nos hemos quedado un poco mustios, centrados en nuestras vidas o comentando las jugadas políticas de los periódicos con amigos, familia, votando cada cuatro o cinco años, y con la sensación de que, en definitiva… el Capital ya lo tiene todo controlado. Y cuando toque, nos barrerá de nuestro sitio, sin miramientos.
Los líderes políticos tratan de mantener despierta en el alma de los pueblos. Les dicen que se están haciendo cosas, que el mundo está a mejor (lo cual , de alguna manera, es parcialmente cierto) pero, en el fondo, no son mas que títeres del Capital. Vimos a gente de cuyas buenas intenciones no dudo en absoluto (Zapatero, Obama: Ojo: no hay que olvidar que son presidentes de Estados constituidos y gobernados por poderes fácticos, no maestros de una escuela libre), fracasando en sus ideas de cambio y cediendo ante los Poderes, con una sonrisa de resignación. Cuando el turno que les ha tocado a los buenoides se acaba, vuelven al Poder los convencidos del poder absoluto del Poder, y ponen todo “en orden”. Eliminan las leyecitas consoladoras de “los otros” y vuelven a dejar todo como estaba. Bien…
Pero siempre se mantienen las formas. Siempre se había mantenido una hipocresía leve, para darnos la opción de creer que todo lo que han hecho era por otros motivos, que era inevitable, que los malos eran los otros y que no han enviado a nuestros hijos a matar y asesinar pueblos enteros y a morir acaso, sólo por buscar beneficios económicos para “los que tienen el poder”.
La hipocresía, para nuestra generación, se viene quebrando desde la guerra de Irak. El brutal cinismo del general Colin Powel discurseando en la ONU (“¡¡Tienen armas de destrucción masiva!!”) blandiendo un frasquito (vaya cosa más imbécil) y presentando pruebas falsas para imponer una mentira (y que, si hubiera honor militar, debería haberse suicidado inmediatamente), habiendo presentado como lo hizo un trabajo hecho por estudiantes del College, como “investigación de los “Organismos de Seguridad de los EEUU”…
Ya fue el súmmum del ridículo del intento hipócrita… Todos notábamos, sabíamos que no era verdad, excepto los líderes políticos, que lo creían a pies juntillas: ¿por que? Porque iban a participar en un nuevo saqueo. Recuerdo a la Ministra de RREE española, el quinto día de los bombardeos sobre Bagdad, con las imágenes de los muertos, las casas destruidas, la gente llorando y en la calle con sus niños hechos cadáveres repartidos en trocitos por el suelo. Respondiendo a la pregunta de si “España ganaba algo con esta guerra”: “Si., Por lo pronto, las acciones están subiendo, y la gasolina, ya ha bajado algunos céntimos”
Insisto: antes, la gente de honor, se suicidaba tras haber dicho algo tan terrible.
Fue el principio del fin de la hipocresía. Eran tan burdas las disculpas, tan evidentes las mentiras, que ya dejaron de usarse… Y llegamos al momento en que el poderoso pudo dejar de fingir, porque ya era demasiado poderoso como para que le molestara demostrarlo.
Desde el cambio ed gobierno en USA, la poca hipocresía que nos consolaba ha caído bajo las pezuñas de los caballos de Atila, y Trump nos baila sus mentiras sin la lira de Nerón. Pero no la necesita. Con un bailecito que revela su rigidez, nos despacha hasta la próxima barbaridad. Pero ya no la “sugiere”. La dice con todas las letras. Ya no tenemos posibiidad de imaginar que algo de esto es por la democracia, los pueblos oprimidos, el terrorismo árabe… Nethanyahu, el del falso nombre, es el maestro en esto: Sus ciudadanos, fascistizados como los alemanes en tiempos de Hitler, apoyan el genocidio porque están seguros de que ellos, y no los arios, son el pueblo elegido por Dios. Lo escribió el mismo Dios en la Biblia… Y los otros pueblos, han de ser sus esclavos: busquen lo que decían las leyes nazis sobre los pueblos eslavos y rusos (los judíos no eran considerados umanos, sino a la altura de las cucarachas. Tal cual. Los inferiores tenían que trabajar para la raza superior como esclavos. (como ahora los palestinos en Israel, antes los negros en USA y ahora los latinos) Los inferiores son razas despreciables.

Entonces: ¿Qué nos queda a los ciudadanos de a pié?
Bueno… Tenemos a nuestros representantes electos para que ellos fueran sean el puente hipócrita entre el poder y la impotencia.
Yo, siempre optimista, imagino que los gobernantes llegan al poder imbuidos de su capacidad para hacer las cosas que esperan hacer. Pero en cuanto están allí, la cosa ya no se ve tan fácil, y se dan cuenta de que son rehenes de sus apoyos y prisioneros de sus adversarios. No pueden dilapidar el poder que han conseguido. Dudan, dan marcha atrás y se convencen de que deben llevar a la Nación por los rumbos marcados… (¿Por quién?).
Ellos serían nuestra última defensa contra la hipocresía. Nos obligamos a creer que creemos en ellos, que ellos sí lo conseguirán, aunque en el fondo sabemos que en lo esencial, no va a cambiar nada. Que los lineamientos globales de la economía y el sistema del mundo están ya definidos: estamos en el Mundo del Capital, manda el Capital, y la gente obedece. Y listo.
Pero, por favor… No nos dejen en esta soledad absoluta, en este frío siberiano del convencimiento de que el sistema ya está Definido, y que Nada no lo va a Cambiar, y que Suba quien Suba al Gobierno de mi País, Nada va a cambiar…
¿Será un suboficial “bondadoso”, un subgerente “comprensivo”, un jefe “simpático”?… Pero la empresa sigue yendo hacia donde debe ir… Será un carcelero bondadoso, pero seguimos en la cárcel. A él le gustaría que no estuviéramos en el Campo de Concentración, pero… Él no puede hacer nada. Nos conseguirá un pan menos duro, que el agua no esté podrida, unos harapos más abrigados… Inclusive, a veces, jugándose su puesto. Pero, en lo esencial, no puede hacer nada. Nunca saldremos de este Campo de Concentración cuyos verdaderos jefes nunca aparecen. Desde algún misterioso lugar, dictan las reglas a sus perros y torturadores, que vigilan su cumplimiento. Y cuidan de que nuestros gobernantes, sean “Jefes simpáticos”, sean “Jefes cabrones”, no se extralimiten para que no se deshaga el equilibrio social. Y así, el Mundo es ya la balsa de aceite que soñaban aquellos Banqueros Que Son Poderosos Desde Hace Siglos. Y nosotros, tranquilos. Mientras nos dejen seguir viviendo…
Nos salvaba del asco por nosotros mismos la hipocresía de los gobernantes, en la que teníamos fe. Pero, atención. Cuando ellos se quitan la máscara de la hipocresía, nos dejan a nosotros la decisión: ¿La adoptamos o no? ¿Y… qué haremos? ¿Pondremos en juego nuestro trabajo miserable? ¿Soportaremos la incomodidad de “morir de pié, antes que vivir de rodillas”? ¿Lucharemos? ¿O buscaremos otro líder para que se ponga las máscaras, soporte el peso de ser llamado hipócrita, de negarse a sí mismo y verse como un renegado, pero sabiendo que el Pueblo siempre lo apoyará? Porque el Pueblo Necesita a su Líder para que lleve la máscara de la hipocresía que él, el mismo pueblo, persona por persona, no está preparado a soportar…
Por favor, señores líderes: sigan con la hipocresía… Miéntannos, engáñennos, déjennos esta posibilidad de creernos íntegros y valientes, de explicar en charlas familiares o de amigos lo que nosotros haríamos en su lugar… Pero no nos echen a nosotros la máscara en las manos… Nos daría mucha vergüenza darnos cuenta de que la decisión sobre nuestra propia hipocresía, es nuestra. Solamente nuestra.
¿Algún voluntario?
PD: Ya sabemos que no podemos hacer casi nada. La sensación de toda la gente que creía en cambiar el mundo y que ahora ve que solamente era un puntito en una marea de personitas ilusionadas que seguian indicaciones de líderes con intereses no siempre claros… y que, desde luego, ya se dan cuenta de que el mundo cambió, en el sentido en que ellos no querían.
Señoras, Señores. Somos y seremos los esclavos del Capital.
Hasta que hagamos algo (…piensa…)
