¿Sabías esto de los 33 megamillonarios españoles?
Para los que se enorgullecen de tener 33 milmillonarios en España
Por Sergio Dantí Mira
La riqueza conjunta de los 33 milmillonarios que hay en España alcanzó en 2025 un incremento del 13,6% respecto al año anterior. Los más de 3.000 milmillonarios a nivel mundial vieron aumentar su fortuna más de un 16%, hasta 15,7 billones de euros.
Esto no es un dato más de una revista especializada. Es el retrato de una anomalía que debería avergonzarnos a todos.
La dimensión real del escándalo
Según el informe de Oxfam Intermón publicado en Forbes, los milmillonarios españoles ganaron en promedio más de 77 millones de euros al día. Para que nos hagamos una idea de lo que esto significa: sería necesario cerca de un millón de personas trabajadoras en España para generar, juntas, lo que estos 33 individuos acumulan cada jornada.
Setenta y siete millones de euros. Cada día.
Esto no lo para nadie.
El ridículo orgullo de los admiradores
He leído algunos comentarios de gente que se muestra muy orgullosa del “logro” de nuestros conciudadanos, situándose en la parte alta de las listas de Forbes. “Tenemos más supermillonarios que Portugal”, dicen, henchidos de satisfacción, como si esto fuera una medalla olímpica.
Y luego están los que sueñan. Los que se imaginan que algún día ellos podrán formar parte de ese 0,01% de elegidos. Lo que olvidan —o prefieren ignorar— son los “detalles” que permiten esta triste anomalía que nos lleva a la destrucción social sin camino de regreso:
Una jugosa herencia
Una educación carísima y exquisita
Una infancia y adolescencia dedicadas a prepararse para ser “ganadores” y poder despreciar como “perdedores” al 99,99% restante
Urdangarín “tenía” que hacer negocios porque se sentía “pobre”. Un perdedor, comparado con otros. Esa es la mentalidad.
Y ese orgullo patético de pensar “yo podría llegar a ser el chófer de uno de ellos” o “una vez le serví un gin-tonic” solo nos da una idea de lo miserable de la vida de sus admiradores y de su alarmante falta de conciencia.
¿De quién es ese dinero?
Porque vamos a aclarar una cosa: ese dinero es nuestro.
Si esos pocos acumulan 77 millones de euros CADA DÍA, si los llevan a sus cajas fuertes, a sus paraísos fiscales o los invierten en criptomonedas, lo que están haciendo es apropiarse del trabajo de un millón de españoles que CADA DÍA generan esa riqueza.
Un millón de trabajadores creó ayer riqueza por 77 millones de euros. Y la entregamos a nuestros supermillonarios para que ellos sean más libres, para que se lo gasten en lo que quieran, para que lo quemen o lo tiren por la borda.
Quizá alguno muestre una breve rendija de sensibilidad social y haga donaciones. Quizá realice algún acto de caridad y salga en las revistas. Quizá se construya un club privado, su propio Mar-a-Lago en nuestra península —mucho más hermosa que Florida— y nos haga sentir orgullosos. Incluso puede que haya alguno que aumente un poquito los salarios de sus empleados, para que no les sirvan únicamente para sobrevivir, sino para vivir.
Humildemente vivir.
Lo que podríamos tener y no tenemos
Una enorme parte de ese dinero debería estar en manos del Estado. Debería invertirse —como hacen los chinos— en:
Formar mejor a nuestro pueblo
Sacar de la pobreza extrema a cientos de miles de personas
Crear infraestructuras de comunicaciones dignas, trenes que funcionen a 600 km/h y no se caigan a pedazos como Renfe o Rodalies
Tener hospitales de verdad, con personal despierto, bien pagado y con los recursos necesarios
Pero no. Preferimos que unos pocos lo acaparen mientras aplaudimos.
Los valores que estamos transmitiendo
Es lógico —dentro de nuestro sistema— que los jóvenes quieran parecerse a estos nuevos reyes Midas. Que sueñen con ser una mezcla de Elon Musk jugando con cohetes, o con la impunidad de Epstein, prostituyendo adolescentes que ojalá no sean tu hermana, ni tu hija, ni —Dios no lo permita— tu madre.
Que sueñen con pasearse en descapotables para dar envidia a todos los pobres perdedores.
“Que se retuerzan de envidia —piensan—. Tú lo has logrado, ellos no.”
Es lógico que piensen así. Porque hemos permitido que les eduque la publicidad, esa hidra venenosa de nuestro tiempo, en lugar de la sabiduría humana, que es la que nos ha traído hasta aquí. Porque les educamos en la vanidad y la frivolidad. Algunos sueñan con ser influencers de moda.
Y bueno… ha de haber de todo.
Llamada a la conciencia
Pero, por favor: tomemos las cosas como son.
Cuando veamos que tenemos cada vez más supermillonarios, no mostremos esa estúpida cara de orgullo. Tengamos el valor de sufrir sinceramente. Y empecemos a pensar en formas de que esto NO PASE NUNCA MÁS.
Que haya gente que gane mucho dinero: sí, si lo hace honradamente y no explotando o hundiendo a nadie. Pero que recuerde siempre que gran parte de esa riqueza le pertenece a la sociedad. Que es, ante todo, una deuda pendiente.
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Etiquetas: #Millonarios #Desigualdad #JusticiaSocial #Oxfam #Forbes #ConcienciaDeClase
